Raúl: Ya me he hecho grande; cómo se las reconoce?.
Nicolás: a quién?
R: a las hadas!!!, cómo se las reconoce?.
N: depende.
R: depende de qué?.
N: de uno; todas las chicas que conozcas pueden ser hadas.
R: pero como puedo saber si es o no?, tengo que pedir tres deseos para ver si funciona?.
N: por ejemplo.
R: pero si no funciona pareceré un gilipollas.
N: no, parecés un gilipollas cuando repetís las palabrotas que dice Narcís.
R: a partir de qué edad pueden ser hadas las chicas?.
N: 18, 20.
R: has conocido muchas?.
N: bueno, no lo sé; tampoco es que andan por ahí diciendo “soy un hada, soy un hada”.
R: por qué no?, tiene algo de malo?.
N: No; muchas chicas son hadas, pero no saben que lo son. La verdad es que todas pasan mucho tiempo sin saberlo; es que es un trabajo tremendo, y cuando terminan uno, se olvidan de todo, quedan amnésicas. Entonces, para que empiecen otro, hay que ayudarles, hay que hacerles preguntas, cosas como las que te preguntan todo el tiempo en el cole. A eso se llama “educar a las hadas”.
R: Educar a las hadas?.
N: Sí, cuanto más aprendan, mejor. Así recuerdan lo que tienen que hacer.
R: bueno, déjalo, no te enrolles. Sigue valiendo lo de abrazarse a un árbol para entrar en contacto con ellas?.
N: sí, sí, claro, por su puesto, eso es fundamental.
R: Pero cómo se las reconoce!!!?.
N: Por las cicatrices.
R: Qué cicatrices!?.
N: Las de la cara. Tienen que pensar mucho para salir de la amnesia. Concentrarse. Y para eso se rascan las mejillas, tanto tanto, que se hacen heridas…